Document Type

Article

Publication Date

2013

Abstract

Tras haber evolucionado hacia un régimen cuasi-constitucional que cuenta, en América Latina, con un reconocimiento prácticamente universal y con un respetable historial de cumplimiento,[1] el Sistema Interamericano de Derechos Humanos se enfrenta actualmente a una crisis mortal. Varios países, liderados por el autoproclamado eje bolivariano de Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua,[2] han cuestionado la legitimidad de las instituciones clave, es decir, de la Comisión y de la Corte. Naturalmente, figuras de alto relieve han intervenido en esta guerra fraticida. Por ejemplo, el presidente de Ecuador, Rafael Correa, de cara a la disputa en curso, ha instado a la Organización de los Estados Americanos, que patrocina el Sistema, a “revolucionarse o desaparecer.”[3]

[1] Los únicos países latinoamericanos que no han firmado la Convención Americana de Derechos Humanos, ni reconocido la competencia vinculante de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, son Cuba y Puerto Rico, que no son miembros de pleno derecho de la Organización de los Estados Americanos, que patrocina el Sistema Interamericano de Derechos Humanos.

[2] Nicaragua ha jugado un papel relativamente menor en la contienda.

[3] Mabel Azcui, El presidente Correa dice que la OEA debe “revolucionarse o desaparecer,” El País (Versión Electr.), Jun. 5, 2012 (citando al presidente de Ecuador Rafael Correa).

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