Document Type

Article

Publication Date

2003

Abstract

Es posible que en situaciones de crisis e inestabilidad jurídica tengamos razones adicionales para ser implacables en la aplicación del derecho: queremos que el derecho gane la fuerza que no tiene; queremos que arraigue en las costumbres de todos; queremos, de una vez por todas, dotar de previsibilidad a nuestra vida jurídica. Ello es así, sin embargo, dependiendo del tipo de crisis al que nos enfrentemos. En efecto, según me parece, nuestra reacción merece ser fundamentalmente otra si la situación a la que nos enfrentamos es una de alienación legal, es decir, una situación en donde el derecho no representa una expresión más o menos fiel de nuestra voluntad como comunidad sino que se presenta como un conjunto de normas ajeno a nuestro designios y control, que afecta a los intereses más básicos de una mayoría de la población, pero frente al cual la misma aparece sometida.[1] Si nuestra crisis jurídica tiene que ver más con esta última situación, luego, parece injusto tratar todas las violaciones al derecho como propias de sujetos que quieren tomar ventaja de los esfuerzos de otros. Más bien, es dable esperar que muchas de tales violaciones representen reacciones comprensibles y atendibles producidas por ciertos grupos frente a un derecho que los ignora o margina indebidamente. En tales casos, aquel énfasis en la aplicación inflexible del derecho no resulta sino un acto de extraordinario dogmatismo –una pura injusticia- que termina de poner al derecho cabeza abajo. En lugar de rescatar, entonces, a aquellos que son víctimas del derecho, se pretende asegurar que se les impongan normas destinadas a maltratarlos –normas en cuya creación y modificación tales sujetos no han tenido parte, como debieron haberla tenido en tanto miembros de una comunidad que pretende situar a todos en un pie de igualdad.

[1] Se podría sostener para el derecho, entonces, lo que Karl Marx sostuvo para el trabajo, en cuanto a que “the object that labour produces, its product, confronts it as an alien being, as a power independent of the producer…[the] externalization of the worker in his product implies not only that his labour becomes an object, an exterior existence but also that it exists outside him, independent and alien, and becomes a self-sufficient power opposite him, that the life that he has lent to the object affronts him, hostile and alien…the worker becomes a slave to his object” (Marx 2002: 86-7).

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Paper presented in the panel on “Violence and Social Change” at SELA 2003, Violence, in Cuzco, Perú.

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